A lo largo de los próximos días recordamos a una persona que supo bajar de su púlpito para mirar a los chicos y jóvenes abandonados y repudiados por la sociedad de su momento. El Padre Andrés Coindre, nacido en Lyon el 26 de febrero de 1787. Él superó los prejuicios sociales y se preocupó por aquellos que estaban abandonados a su suerte en los muelles de la ciudad, en las calles e incluso en las pésimas condiciones de los calabozos de la prisión.
Tan sólo quiso poner una luz en sus vidas y sembrar la esperanza que aporta el que confía en las posibilidades de cada persona sin mirar su origen, ni condición.
Motivado por su fe y la llamada de los jóvenes, optó por ellos hasta el punto de fundar tres instituciones que fueran mensajeras del amor del Corazón de Jesús. Se gastó en este empeño por ser mediador de la Bondad de Dios, y perdió la salud y la razón.
Falleció el 30 de mayo de 1826, dejando un fuego y una ilusión que sigue viva en nuestros días gracias a los que le conocen y todos los que siguen su ejemplo. ¡Feliz Bicentenario!







